Internet frente a los Pederastas: ¿cómplice o testigo?

Para que la imagen de un niño, prepúber no adolescente [1], siendo abusado llegue a Internet,  es muy probable que algo ha debido fallar en la debida protección que su entorno cercano debe propiciarle.   Por otro lado, debemos tener presente que los abusos sexuales infantiles ocurren, generalmente, en  absoluta impunidad y sin evidencias digitales en forma de pornografía infantil.  ¿Uno de cada cinco niños es víctima de abusos sexuales en Europa?

Mientras esos abusos ocurren en el entorno cercano del niño,  en España existe una contagiosa tendencia a focalizar el problema en la red, creando alertas sociales con imágenes que no han sido elaboradas en nuestro país [2].

Los cibercazadores de pedófilos, que paradójicamente llenan su vidas descargando pornografía infantil, con el noble fin de mostrar al mundo el horror y remover conciencias, tienden a acortar dogmáticamente las distancias entre conceptos muy distantes. Por ejemplo,   constantemente se equivocan al emplear como si significaran lo mismo los términos pedófilo (sentimiento de atracción sexual hacia los niños)  y pederasta (abusador sexual infantil),  anteponen las medidas para erradicar las consecuencias (evidencias digitales) frente a la solicitud de medidas para “disminuir”  el problema (abuso sexual infantil) y  alertan como si de una misma situación se tratara “lo que ven” con el peligro inminente que corren los menores al usar internet.

Quizás lo más inquietante de este movimiento en Internet son las consecuencias que de sus acciones se derivan.  Su desmesurada alarma social sobre la Internet “local” española , transmite temor  a la otra inmensa mitad de españoles que vive al margen de la red,  propiciando el escenario ideal para la aplicación de medidas políticas, jurídicas o policiales que vulneran derechos fundamentales a los usuarios.

Los cibercazadores de pedófilos ,  autoproclamados elites de la moral,  nos atemorizan sobre Internet. Van señalando como cómplices a las empresas tecnológicas,  a los políticos que se aburren de su acoso moral,  a todo aquél que se atreva a pulsar una tecla en contra de sus argumentos o no haga clic en su “me gusta”.   Se han convertido en auténticos virus humanos que saturan a nuestros agentes tecnológicos con sus “canales” exclusivos de colaboración.

Por otro lado, nuestros agentes tecnológicos, quienes reciben numerosa notificaciones de los cibercazadores, en muchas ocasiones con información falsa o no contrastada, que ha comprometido seriamente la legalidad de algunas intervenciones policiales.

Al margen de estas “colaboraciones”, la actuación de nuestros agentes tecnológicos se focaliza principalmente  en la detección de descargas de pornografía infantil en las redes P2P [3]. Operaciones que se inician generalmente por las denuncias de descargas accidentales que sufren los usuarios y que derivan en  detenciones simultáneas  injustificadas [4] pero avaladas judicialmente por toda la Sociedad bajo la hipnosis del sensacionalismo que los medios de comunicación transmiten, ejecutando  a los detenidos como pederastas sin opciones a la presunción de inocencia.

En 2008 por ejemplo,  tras la macro Operación P2P Carrusel,  la propia BIT afirmó que las imágenes intervenidas era “imágenes son ya conocidas en Internet…ya circulan por Internet hace tiempo”  Entonces ¿cuál es el fin de estas operaciones? ¿liberar niños abusados? ¿detener pederastas? ¿erradicar el consumo de pornografía infantil? ¿dar ejemplo destruyendo las vidas de los detenidos? ¿el consumo en las redes P2P genera demanda? ¿negocio en las redes P2P? … obviamente algo no cuadra al responder a esas preguntas, más si cabe si sabemos que  todas y cada una de las imágenes que han sido rastreadas continúan ahora mismo en las mismas redes P2P. Imágenes que por otro lado “suponen el 50% de la carga de trabajo de nuestros agentes“.

Para bien o para mal, Internet está sacando a la luz los trapos sucios de lo que somos.   Lejos de ser cómplice de los delitos cometidos por los humanos,  Internet es mucho más que un testigo,  es notario de nuestra reciente historia, que como siempre cada uno de nosostros -sin excepciones- la ha contaminado desde su particular perspectiva.

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[1] Las  declaraciones y convenciones de protección de la infancia han transformado el término “niño”,  abarcando en la actualidad a toda persona menor de 18 años.  En los asuntos de abusos sexuales infantiles es importante diferenciar entre niños prepúberes no adolescentes (apreciables con “facilidad” a simple vista) y personas jóvenes adolescentes (imposible de determinar la edad con la simple estimación visual, siendo necesaria su identificación).  Consultar: Tanner Scale a ojo de ¿buen? cubero
[2] Casos tan populares como el de Nanisex no son una tónica general en España, aunque están muy presentes en la memoria colectiva.
[3] Es un dato contrastable que la inmensa mayoría de las operaciones policiales de nuestros agentes tecnológicos se centran en las redes P2P.  Consultar: Operaciones P2P
[4] Cada detenido será juzgado independientemente ya que los usuarios P2P nada tienen que ver unos con otros ¿por qué se justifica policialmente realizar los registros de forma simultánea? ¿impacto mediático?

 

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