La Pedofilofobia, el peor virus de Internet

Bajo la escusa perfecta de la protección de la infancia se esconde uno de los peores virus sociales de la historia de Internet.

Cualquier movimiento en pro de la protección de la infancia es atendido y respaldado masivamente por los internautas.  Unos con nobles intenciones y otros simplemente por liberar sus cargos de conciencia delegados a un clic de ratón.

Pero cada día que pasa, cada clic o post procedentes de esas nobles campañas están logrando un objetivo que pudiera favorecer a los creadores de estos aberrantes materiales. El GOOGLE BOMBING echa tierra o hace inaccesible el acceso a contenidos de pornografía infantil que se han filtrado, posiblemente de manera accidental, al acceso público.  ¿Acaso a un pederasta le pudiera interesar que el testimonio de su agresión saliera a la luz pública? De esta forma,  bombardeando (tapando) las búsquedas de  internet se imposibilita, incluso a los agentes, la localización de estos archivos.

La pornografía infantil es un material execrable, consecuencia de un delito muy grave como es el abuso sexual que un adulto comete con un niño.   Este material es frecuentemente la una única oportunidad para detener al agresor sexual y liberar a un niño de su abuso. Los abusos sexuales infantiles (ASI)  suelen cometerse en el entorno cercano del niño sin generar ningún tipo de evidencia digital en forma de pornografía infantil.

Seríamos unos ilusos o imprudentes si pensáramos que los pederastas ofrecen sus archivos, evidenciando públicamente sus delitos, de forma libre en buscadores, páginas webs o a través de las redes P2P.  Los pederastas  utilizarán otros sistemas anónimos y cifrados para distribuir esos archivos.

La protección real de la infancia no puede quedar relegada a un segundo plano.  Adelantar las barreras de protección de la infancia, focalizando el problema y destinando los esfuerzos casi exclusivamente en “parar  la tenencia o difusión gratuita” de estos aberrantes contenidos en Internet es un grave error.

No ayudes a enterrar los contenidos de pornografía infantil. Quizás estás enterrando para siempre una única oportunidad de salvar a un niño.

Debemos buscar otros modos de actuar.

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