Cuatro semanas desde que mi juicio quedó visto para sentencia. De momento sigo sin noticias. La espera es inevitablemente tensa.
Durante este tiempo, el mundo parece girar en torno a los casos de abusos infantiles. El pánico moral parece haber cautivado al planeta. Sacar algo en claro sobre las motivaciones de quiénes siembran la duda y de los que ocultan los hechos, me parece una tarea imposible. Lo fácil es generalizar para apaciguar nuestro sensacionalismo y de paso continuar con el ciclo de las grandes mentiras que la historia nos ha contado.
Mentiras históricas de las que difícilmente podremos despojarnos. Aunque en el escabroso mundo de la sobreprotección digital de la indemnidad de la infancia en Internet, no es tan fácil diferenciar a un bombero de un etarra, estoy convencido de que el paso del tiempo pondrá a cada uno en su sitio.
La bandoleras de los internautas españoles son sus eMule, reunidos “sospechosamente” en el supermercado gratuito de las redes P2P. Nuestros agentes, cargados de intuición policial, basada en el “mosqueo“, confabulan sus teorías para justificar a un juez la identificación judicial de una IP pública aparecida en un metadato y el posterior e inmediato registro domiciliario del titular de una ADSL, que dogmáticamente será seguro el infractor P2P.
Los jueces, carentes de asesores tecnológicos externos e independientes, otorgan fe ciega a esos “criterios policiales“ dando vía libre a las desmesuradas detenciones masivas y simultáneas de ciudadanos, que en muchos casos, han sido víctimas de la contaminación de las redes P2P. En el mejor de los casos, desde el punto de vista de la “efectividad” policial, han detenido a un pedófilo, un enfermo mental que cubre sus carencias mediante esos execrables archivos.
En ambos casos, víctimas del P2P o pedófilos, recibirán un desproporcionado castigo que se inicia desde el primer día en el que son detenidos. Los medios de comunicación se encargan de la ejecución social y el derecho constitucional a un procedimiento público será la silla eléctrica que los condenará eternamente a vivir con esa pesada loza encima de sus cabezas. La sombra de la depresión y los sentimientos de culpa aparecerán inevitablemente. Ante un muro de incomprensión no cabe otra salida psíquica que la autoinculpación.
Mientras, los abanderados de las nobles causas ciberprotectoras infantiles engordan su narcisismo patológico o sus intereses económicos, sin que la infancia se beneficie en modo alguno.
Los abusos sexuales infantiles siguen ocurriendo en el mismo lugar de siempre, cerca del niño y lejos de internet.
Etiquetas: intolerancia, narcismo patológico, pánico moral, tolerancia cero
marzo 24, 2010 a las 11:44 pm |
Suerte … espero que falte poco ya y que todo salga bien.
Saludos.
marzo 29, 2010 a las 9:46 am |
Joder con la puñetera sentencia… Se hace esperar, ¿Eh?
El juez debe estar haciendo un ejercicio de razonamiento tal que ya puede estar más que justificada la sentencia. Otra cosa no podría explicar la demora.
Saludos y fuerza, amigo.
marzo 29, 2010 a las 6:50 pm |
Gracias. De momento sigo sin noticias del juzgado. Creo que me van a dejar pasar la Semana Santa en penitencia.